Durante años he utilizado relojes, aplicaciones y todo tipo de herramientas para intentar entender mejor mi descanso.
Como muchas personas, me acostumbré a mirar gráficos cada mañana.
Horas dormidas.
Fases del sueño.
Puntuaciones.
Tendencias.
Comparativas.
Y, sin embargo, había algo que seguía faltando.
Recuerdo muchas mañanas en las que una aplicación me decía que había dormido bien, pero yo me sentía agotado.
Y también lo contrario.
Días en los que la puntuación no era especialmente buena y, aun así, me levantaba con energía y con la sensación de haber descansado.
Con el tiempo me di cuenta de que el problema no era la cantidad de datos.
De hecho, probablemente tenía más datos de los que necesitaba.
Lo que me faltaba era contexto.
Los gráficos podían decirme cuánto había dormido.
Pero no podían recordarme que aquella semana estaba especialmente estresado.
No sabían que llevaba varios días preocupado por algo.
No sabían que había cenado tarde.
No sabían que estaba atravesando una época tranquila en la que, simplemente, me sentía mejor.
Y unas semanas después era incapaz de recordar muchas de esas cosas.
Podía consultar una gráfica.
Pero no podía recordar cómo había vivido realmente aquellos días.
Poco a poco empecé a echar de menos algo muy sencillo.
No necesitaba más métricas.
Necesitaba una forma de registrar mi propia experiencia.
Una nota.
Una impresión.
Un pequeño recordatorio de cómo me había sentido al despertar.
Algo que me ayudara a responder una pregunta que ningún gráfico parecía responder del todo:
¿Cómo estaba realmente durante ese periodo?
Liroa nació de esa idea.
No para competir con relojes.
No para sustituir aplicaciones de seguimiento.
Y mucho menos para decirle a nadie cómo debe dormir.
Nació porque quería una forma más humana de mirar hacia atrás.
Una forma de conservar pequeñas observaciones que normalmente desaparecen a los pocos días.
Con el tiempo descubrí algo curioso.
Las noches individuales rara vez cuentan una historia interesante.
Lo interesante aparece cuando juntas semanas o meses.
Cuando empiezas a reconocer patrones.
Cuando recuerdas contextos.
Cuando lees una nota que habías olvidado.
Cuando entiendes que descansar no siempre significa lo mismo.
Liroa no intenta decirte cómo estás.
No intenta darte una puntuación.
No intenta convertir tu descanso en una competición.
Simplemente intenta ayudarte a recordar.
Porque a veces entender cómo hemos estado empieza por algo tan sencillo como no olvidar cómo nos sentíamos.
Y esa fue la razón por la que decidí construirla.